Pues nada, que una vez más llegó ese agridulce septiembre, ese mes en la que se mascan millones de tragedias personales y los
reportajes sobre síndromes post-vacacionales emergen como setas en otoño, y menos mal que hoy día la ciencia avanza que es una barbaridad para
darnos soluciones.
Personalmente a mí el 1 se septiembre no me recuerda al comienzo de
la peor carnicería que jamás haya vivido la humanidad, sinó a
Pancho corriendo al lado del taxi de Julia con un cuadro en las manos.
Y es que aunque tengas la desgracia de pasar un verano sin vacaciones, el estío se hace patente en nuestro cuerpo en el hecho de que las cañitas entran por el gaznate de una forma
más alegre a la ya habitual. Este verano tampoco nos podemos quejar,
ganamos el mundial de fútbol y
no hubo canción del verano, motivos no nos faltan para sonreir.
El calendario y los astrónomos podrán decir y argumentar lo que quieran y con toda la razón del mundo, pero desde mi humilde punto de vista, el verano real dura 2 meses al año, los que transcurren entre la excitación de ver en el almanaque ese querido 1 de julio y los sentimientos sobre lo que pudo haber sido y no fue de los últimos días de agosto.
Ésta es una de las etapas del año que ha cambiado para mí cuando dejé de ver la televisión. Desde que el mundo es mundo, es decir, desde que YO tengo ombligo, el verano de la caja tonta (aunque ya no sea una caja) está marcado por dos hechos principales. El primero es la emisión durante toda la mañana de series para niños y adolescentes que hace que las mañanas de verano al sol de los que viven en ciudades, prácticamente desaparecen (¡qué sería de la obesidad infantil sin ellas!) y por otro lado el cambio de "típicoProgramaDeMierda" por "otroTípicoProgramaDeMierda edición estival refrescante y exótico", en el que "proyectos de presentadores televisivos" sueñan con pegar el pelotazo y sobrevivir hasta navidad en antena. Me gustaría hacer una mención especial al ya tristemente desaparecido
Grand Prix del verano (me refiero al de verdad, al de Ramón García) y a sus vaquillas de "nombresEnrollaosEIngeniosos". Por supuesto que no me olvido de noticias recurrentes e imprescindibles de esta época como saber que "
Madrid en verano sin gente es una maravilla" y "en Sevilla los turistas pasan calor". Si sobrevivimos al
cataclismo infernal del 2012, volveré a ver la televisión y tengo la impresión de que será una experiencia retro al ver que todo sigue igual. Las tradiciones son bonitas :)
Cuando el mes de agosto toca a su fin, nuestra debilidad emocional nos lleva a sentarnos tranquilamente a pensar (¿Quién dijo que pensar siempre es bueno?) y nos salen de la materia gris ideas con el mayor ratio de idioteces por minuto del año (seguida de cerca por el año nuevo). Si bien es cierto que estamos cargados de buenas razones y de un loable interés por mejorar nuestra vida, esas ideas te llevan a gastar tu dinero en una academia de inglés, en prometerte ir 3 días por semana al gimnasio o en hacer una de esas
increíbles colecciones de dedales pintados a mano (que me recuerda que en algunos países aún existe la esclavitud). Por supuesto que el inglés en 3 semanas volverá a ser el mismo coñazo de siempre, el gimnasio no es tan cómodo como el sofá de tu casa y la colección de dedales, bueno, la colección de dedales la terminas (para que el pobre esclavo pueda comer).
Y aquí nadie se libra. Mi brillante ocurrencia en estos últimos años fue la de prometerme a mí mismo el hacer cosas productivas y no desperdiciar los domingos por la tarde, como por ejemplo
senderismo. Y de verdad, os lo prometo por Snoopy, Mafalda, los X-Men y hasta por Carlinhos Brown y el Chiki-Chiki que este año lo hago.
Con el paso del tiempo te vas inmunizando contra la mayoría de estas señales de fin del verano aunque hay una que siempre queda y que nunca podré superar. Y aquí hago una profunda confesión y es que hay algo en esta época que cada año llena de congoja y dolor a mi corazón:
los anuncios de vuelta al cole del Corte Inglés. Me gustaría comentar algo sobre esto pero me es imposible porque mis ojos se humedecen pensando en lo que le tienen que hacer a esos niños (con cara de repipis pedantes, todo hay que decirlo) para que sonrían en esos anuncios. Una vez vi una exposición de aparatos y métodos de tortura medievales; supongo que utilizarán algo parecido.
Y nada más, simplemente que me apetecía reabrir de nuevo el blog escribiendo un par de gilipolleces para no perder la costumbre. Si has disfrutado de un tiempo de asueto espero que hayas cargado las pilas y si no has tenido vacaciones levanta el puño contra el Estado y empresario opresor.
Buena vuelta al trabajo, estudios o cola del paro. Espero que nadie se haya olvidado de hacer esa tortura veraniega que se llama
libro de vacaciones Santillana.